MeUp: Cambiar el enfoque como método de innovación

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El concepto de innovación está muy vinculado a las metodologías, llevar adelante un determinado proceso supone llegar a nuevos destinos, resultando en nuevas soluciones innovadoras y por ende: nuevas maneras de abordar un problema. 

Siguiendo esta lógica, descansamos en el proceso y suponemos que haciendo determinadas prácticas, los resultados mágicamente van a significar una mejor solución ante un determinado problema, por su carácter innovador. Pero lamentablemente la innovación no es sinónimo de éxito, aunque tal vez sí de oportunidad, desafío o apertura a nuevos escenarios.

La innovación parece ser un recurso reservado para quienes pueden invertir en innovar, como las grandes organizaciones, o los emprendedores que innatamente son innovadores. Este supuesto deja afuera a un amplio espectro de organizaciones, empresas e instituciones que no tienen ni la capacidad de las primeras ni las habilidades de las segundas. Por ello navega entre lo que ya funciona y las tibias iniciativas que normalmente son consumidas por el cotidiano.

Al parecer, los grupos minoritarios corren la misma suerte. Resulta difícil canalizar sus necesidades en una solución que tenga el desarrollo suficiente para ser sustentable y a su vez, un impacto significativo como para hacer la diferencia. Aunque hay excepciones, como el caso de la app Háblalo, una solución para personas con dificultades en el habla, que sirve para muchos grupos de usuarios. Además de ser un éxito, tiene la capacidad de escalar y continuar construyendo su propuesta de valor. En apps como esta, las necesidades de varios grupos minoritarios se conjugan, ganan presencia suficiente y así logran que la innovación llegue, se quede y pueda crecer orgánicamente. 

Pero hay otra manera de ver los problemas que no está condicionada por el volumen de usuarios que abarca o la capacidad de inversión para encontrar soluciones. Tiene que ver con el punto de vista desde donde vemos, entendemos y conceptualizamos. Casi tan simple como cambiar de anteojos para ver de cerca o lejos. Sin embargo, eso que a veces parece obvio, casi nunca sucede, porque nos cuesta cambiar el enfoque.

Caso Me.Up

Tuve la oportunidad de ser parte del desarrollo de MeUp, una app que empodera a las personas trasplantadas ayudándolas a llevar una vida saludable, utilizando dinámicas propias de los juegos. Fue un proceso increíble, co-creando con pacientes, sus familias, médicos, el INCUCAI y la Sociedad Argentina de Trasplantes. Luego de más de un año de trabajo, tengo la convicción de que el ingrediente secreto del proyecto fue el enfoque que le dimos desde la génesis. Teníamos el desafío de pensar en los pacientes pediátricos, sobre todo en la transición de niños a adolescentes con todas la dificultades que esa edad significa en sí misma, y sumarle las complejas variables de socialización. Sabíamos que el índice de pérdida de un órgano en este grupo etario, fruto de la falta de continuidad en su tratamiento, en la Argentina era muy elevado. Fue entonces que pensamos en reformular el cómo interpelar a estos usuarios y jugar con sus reglas. No forzar, no culpar, sino acompañar desde una propuesta lúdica, pero proponiendo una experiencia distinta, que les saque una sonrisa en un contexto difícil.

Desde su lanzamiento se han sumado centenares de usuarios en Argentina, Chile y próximamente la estamos por lanzar en Uruguay. Durante el 2021 trabajamos en una actualización importante que incluye a personas adultas y suma mejoras en usabilidad que fuimos co-creando con todos los actores involucrados. El crecimiento en la cantidad de usuarios e interacciones dentro de la app, nos demuestran que haber apostado por un enfoque de gamificación para una necesidad vinculada a la salud valió la pena y que hace falta arriesgar para cambiar realidades.

Por todo esto es fundamental que desarrollemos la capacidad de cambiar el enfoque. Aprender a ver de otra manera, descubrir nuevos puntos de vista que nos permitan entender los problemas desde otros lugares. La actual tecnología, y sobre todo la que está por venir, tiene un potencial enorme para cambiar realidades, mejorar la calidad de vida y ofrecer a las personas nuevas experiencias. Solo tenemos que permitirnos encontrar nuevos caminos.

 – Por Cristóbal Papendieck

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